Como lo que faltó en tu infancia puede estar alimentando la ansiedad hoy

Todas las personas de un modo u otro intuimos que hay determinadas necesidades en la infancia que, si no se satisfacen adecuadamente, generan una huella que puede llegar a influir notablemente en la vida emocional y las reacciones de un adulto.

La ciencia nos ha mostrado que nuestra naturaleza biológica se “calibra” en los primeros años y que determinadas carencias ambientales o afectivas pueden provocar efectos duraderos en el sistema nervioso y en nuestras vidas.

El Dr. Young y su trabajo nos muestra que, en la primera infancia, si algo no funciona correctamente se aprenden esquemas tempranos que organizan la percepción del mundo y de nosotros mismos y se pueden instalar en nuestra psique, incluso antes de que tengamos lenguaje, para pasar a formar parte de los cimientos de lo que somos. Esquemas que están más allá de la razón y actúan desde la sombra en nuestra vida y nuestras decisiones.

Esas necesidades son: de apego y vinculación seguros; de libertad para expresar necesidades y emociones; de espontaneidad y juego; y de identidad y competencia. Cuando faltan esos componentes básicos se produce un impacto en nuestro modo de ver y reaccionar al mundo. Los seres humanos somos muy resilientes y adaptables pero hasta cierto punto. Hay determinadas experiencias que dejan una huella profunda y duradera en nosotros.

El trabajo del Dr. Young nos muestra con rigurosidad hasta qué punto nuestra naturaleza está hecha de amor y relaciones y el efecto que tiene cuando eso falla de algún modo.

Veamos ahora en el siguiente cuadro como puede relacionarse esto con la ansiedad: (elaboración propia en base a información extraída de la IA).

CARENCIA DE ORIGEN MANIFESTACIÓN ANSIOSA
Entorno percibido como peligroso o impredecible; sobreprotección o mensajes de alarma constante Alarma permanente, anticipación catastrófica, miedo difuso sin objeto claro
No se permitió al niño desarrollar autonomía; sobreprotección que privó de experiencias de dominio Ansiedad ante decisiones, miedo a lo nuevo, inseguridad ante cualquier reto
Figuras de apego inconsistentes, ausentes o impredecibles Hipervigilancia relacional, ansiedad de separación, monitorización constante de señales de rechazo
Entorno activamente dañino; abuso, negligencia o traición sistemática Ansiedad interpersonal e hipervigilancia ante las intenciones de los demás
Crítica crónica, humillación o falta de validación emocional Ansiedad social intensa, miedo a la evaluación, evitación de situaciones de exposición
Exigencia excesiva o mensajes de incompetencia reiterados Ansiedad de rendimiento, perfeccionismo defensivo, miedo al error

Como puedes ver determinadas experiencias nos marcan y pueden estar influyendo y manteniendo la ansiedad; y lo hacen, básicamente, a través de la evitación. Al evitar las situaciones que activan el esquema la persona confirma que el peligro era real y no tiene experiencias correctivas que lo desmientan. Es decir: como evito no aprendo que puede que sea errónea mi manera de ver las cosas.

Arriesgarse al fracaso, a una relación, al ridículo puede ser un modo poderoso para reaprender el mundo y corregir nuestra manera de percibir y reaccionar a él.

De todos modos, si estas carencias son muy profundas es conveniente pedir ayuda a un profesional de la psicología. En este texto simplemente queremos mostrarte cómo los aprendizajes primarios influyen en nosotros como adultos y acabamos repitiendo esquemas sin ser muy conscientes de ello. Como un robot ciego y automático que repite ante ciertas cosas su reacción sin saber muy bien porqué.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.